lunes, 26 de abril de 2010

Un momento en la vida


- Ha llegado un momento en el que todos estáis emparejados y yo estoy soltero y me veo fuera de juego.

- Tienes que salir más. Como dice Lichis "es la falta de amor la que llena los bares".

- ¿Y a dónde voy a ir?

- Vete a cualquier discoteca. Están llenas de tías que estarían dispuestas a pasar un rato contigo.

- No, eso no, ando mal de dinero y no estoy como para pagarme put...

- Que no, que no me refiero a eso, aunque es otra posibilidad. Lo que yo digo es que las tías quieren pasárselo bien. Pero muchas de las que van a esos sitios, seguro que se lian con el primero que cumpla sus requisitos.

- ...

- Pues con que sea guapo, gracioso, le eche morro y baile bien ya tiene bastante hecho.

- ¡Joder! Casi nada. ¿Y qué pasa con los tímidos, que no bailan, les sudan las manos y se quedan en blanco cuando entran a una chica?

- Que lo tienen jodido. Prueba a decirles "hola".

- ¿Pero cómo se va a poder hablar en un sitio así si no se oye nada? Esos sitios no son para hablar con nadie... y tampoco veo chicas interesantes.

- ¿Te refieres a eso? Pensaba que querías follar. Ya sabes.

- Sí, creo que me acuerdo de eso. Jorge, voy a morir solo.

- A no ser que te entierren en una fosa común.

- Sería un buen sitio para conocer gente.

- No creo que te dieran mucha conversación.

- Yo tampoco la suelo dar, soy más de escuchar. Creo que tendríamos bastante en común.

- ¿La palidez?

- Además de eso. Creo que estoy muerto por dentro.

- Me deprimes a mí y a todo el mundo. Por eso nadie se acerca a ti.

- Trataré de ser más positivo.

- Sí, tío. Hay que ir con buen autoestima y seguridad.


Días después...

- He hecho un avance. Nada de discotecas. En la misma calle.

- Espera, vamos a bajar a la terraza, nos tomamos una cervecita y me cuentas.


Minutos más tarde...

- Dime, ¿qué te ha pasado?

- Ayer iba por la calle. Di una vuelta después de salir de trabajar. Con esto del buen tiempo, la gente no para en casa y yo me animé a salir. Como te he dicho, viene el buen tiempo, el calor, menos ropa...

- Me voy a pedir otra cerveza, que se pone interesante.

- Sí, bueno. Resulta que voy andando por la calle y me fijo en una chica rubia con falda corta que va andando por la acera y yo, con el cuello girado, la miro distraído.

- ¿Y ya está?

- Espera, que te sigo contando. Como estaba mirando para otro lado, al doblar la esquina choqué con una morena, con vestido de los de ir a trabajar. Se le cayeron los papeles al suelo. Le pedí perdón y le ayudé a recogerlos. Hubo un momento en el que estábamos de cuclillas, cogimos la misma hoja, nos incorporamos y, al levantar la cabeza, nuestros ojos se clavaron. Conectamos. Te juro que conectamos.

- ¡Muy bien! Así dejarás de ser el llorón que eres.

- Espera, que hay más. Hubo una risa nerviosa, apartó la mirada y se echó el cabello hacia atrás. Yo creo ella sintió algo. En ese momento se levantó un poco de viento y volaron unos cuantos papeles calle abajo. Yo me fui corriendo detrás de ellos y logré ataparlos. Mientras iba a devolvérselos, a lo lejos, se apreciaba su figura a contraluz. Impresionante. Al llegar donde estaba ella, le di sus papeles. Me dio las gracias y yo la invité a tomar algo.

- Bien hecho. ¿Qué dijo?

- Tenía que irse a casa a hacer la cena a su marido, porque él llega bastante tarde. Me volvió a dar las gracias y me soltó el típico: "que Dios te lo pague con una buena novia" y se fue.

- Lo del marido es un detalle sin importancia. Tenías que haber insistido... por lo menos lo intentaste. ¿Cómo reaccionaste?

- Me cabreé. Otra que se me escapa. Le dije que Dios es insolvente.

- Al final sí que vas a morir solo.

- Al menos quedan los amigos.

- La verdad es que sí. Brindemos por la madre que nos parió, bien a gusto se quedó.

sábado, 24 de abril de 2010

Más allá de Venus


Venus era verde y ella miraba con el alma.

Permanecía abstraída en un viaje que, realmente, nadie creería que estuviera realizando.
"¿Qué pintas tú en esa expedición?" es lo que ella entendía que cualquier persona le podría preguntar.
"Todos los que han querido venir lo han hecho. Los que no habéis querido os lo habéis perdido y nunca lo entenderéis" es la certera réplica que podía dar.

A pesar de pensar tanto en ello, en lo que pudiera opinar cualquier persona ajena a esta aventura, ya no había marcha atrás. La hermosa joven, de rizos dorados, ojos azules y naricilla respingona inundada de pecas se cansó de vivir en el lugar donde nació. No quería estar plagada de obligaciones sin haber conocido más que esa pequeña población en la que todos los días parecían idénticos y de la que corría riesgo de quedar atrapada si dejaba pasar el tiempo. Quería dejar atrás a la niña de 17 años que no terminaba de florecer por estar enjaulada en un florero de cristal. Necesitaba una maceta, con una vasta extensión de tierra.

"¡Han pasado ya cuatro años desde que me fui de casa!". Le dio tiempo a calcular. La travesía hacia una nueva dimensión estaba resultando tan tranquila y silenciosa que le dio tiempo a darse cuenta de los detalles más insignificantes de su vida como podría ser el primer día en la escuela, la vez que se cayó del columpio, se vio un día cualquiera saltando a la comba, cogiendo una botella de vino a escondidas para beber... muchos detalles que fueron definiendo su manera de ser.

"Se ve todo tan oscuro". Todavía quedaba mucho tiempo para llegar al destino. Esperaba encontrarse bien al llegar, puesto que nunca se sintió cómoda allá donde estuvo. Podría ser su naturaleza, la de esperar siempre algo mejor a lo que tiene, pero lo cierto es que no dejaba de buscar el mejor sitio para vivir. No era el primer viaje que realizaba, aunque éste resultaba ser el más lejano y, seguramente, el definitivo. Al menos, en la última carta que hizo llegar a su familia les explicó su marcha, escribendo que deberían sentirse orgullosos de su hija, ya que llegaría más lejos de lo que nadie iba a poder llegar.

"¡Me siento tan feliz!". Así terminaba la carta y así se sentía ella en ese instante. El viaje había finalizado.
En su rostro se dibujó una sonrisa al instante en el que el veneno hizo su efecto.